Actualizan plan de protección del Huemul del norte

La actualización del Plan de Conservación de la taruca o huemul del norte (Hippocamelus antisensis) que lleva a cabo CONAF, se realizó con especialistas como Benito González, investigador de la Universidad de Chile y de la IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), así como los profesionales de la ONG Tarukari, Nicolás Fuentes y Camila Castillo, además de guardaparques y los encargados de Biodiversidad de CONAF regional y de Tarapacá, Esteban Zúñiga y Jorge Valenzuela.

Héctor Peñaranda, director regional de CONAF, destacó que la actualización del Plan conlleva los aspectos sociales y económicos, dando como ejemplo que “a futuro podrían haber iniciativas de orden turístico asociadas al recurso”. Junto a Esteban Zúñiga, encargado de Biodiversidad, se detallaron los esfuerzos que se han hecho para lograr dos conteos al año y extender el registro a 19 sitios censales incluyendo sectores fuera de las áreas silvestres protegidas como Lupica y Ticnamar, hasta la comuna de Camarones. De los contenidos hasta ahora revisados o a partir encuestas y trabajos de terreno, queda claro que el huemul del norte, no sólo genera admiración, sino que causa también algún grado de rechazo por su ingreso a los potreros y sembradíos para consumir alfalfales y otros cultivos. Si bien esta visión no es pareja, ya que hay propietarios que quieren sumarse a la mirada de un manejo predial más integral y respetuoso de la biodiversidad, y no rechazan la presencia del venado local en sus tierra, el hecho de incluir los aspectos culturales y sociales a la formulación de plan por parte de CONAF junto al trabajo interdisciplinario aportado por la ONG Tarukari, sacaron a colación los trasfondos culturales un tanto desconocidos respecto de la especie, desde el punto de vista antropológico-arqueológico.

En ese sentido la arqueóloga Camila Castillo, indica que “los mitos principales que se relacionan a la taruka es que corresponde a un animal no muy apreciado. En general la gente les tiene un poco de temor”. Luego agrega, “puede que debido a la colonización española lo vinculen al diablo por su cornamenta o también a ´malos parajes´ ya que son animales de quebradas y a veces estas resultan abruptas o peligrosas para las personas”. Estas miradas explica la arqueóloga, reforzarían o encubrirían la actual visión negativa ante el uso alimenticio de los alfalfales. “Sin embargo las tarucas están presentes en las evidencias arqueológicas de los primeros pobladores hasta el período pre incaico. Probablemente la naturaleza escurridiza del animal hizo que no tuviesen un contacto tan fluido con la gente como pasó con los camélidos”, concluye la investigadora.

Por su parte, Benito González resaltó que “el trabajo de conservación, que siempre requiere mucho esfuerzo, no sólo se logra viendo aspectos biológicos asociados a las diversas especies. La tendencia mundial es incorporar también los factores socioecológicos, es decir todos los factores que comprometen a los actores relacionados con la biodiversidad. Eso le da una connotación más amplia y a su vez complejiza mucho más el análisis, pero significa estar trabajando sobre algo más integral de la conservación.” En el caso local CONAF junto con dialogar con las comunidades y buscar la revalorización de una especie tan emblemática -“contamos con nuestro propio huemul del norte”, dice el director de CONAF-, se trabaja con CONADI o con INDAP para promover cambios por ejemplo en los cercos que facilitan los instrumentos de fomento, para que pasen de mallas metálicas a cercos vivos o a que se circunscriban sólo al área de cultivos y no a los predios completos. Para inicios de 2019 se espera en tanto concluir los talleres, y formalizar un Plan renovado para conservar la taruca en un trabajo conjunto con quienes conviven con ella.

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