Se rehabilitó y en Arica encontró una vida

Por Ramón Vásquez

Fue uno de los delincuentes más buscados de Santiago y se rehabilitó en una hospedería ariqueña. Esta es su historia.

José Muñoz (48) hoy trabaja como acomodador de autos en 21 de Mayo y se aloja en el centro “Noche Digna”, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social.

Se jactaba de ser el lanza más rápido de Santiago. Se sentía orgulloso porque el extinto programa “Aquí en Vivo” de Mega lo destacó en un reportaje como uno de los delincuentes más peligrosos de la capital. Llegó a ser dueño de tres propiedades gracias al hampa.

“Teníamos un equipo de cinco personas en el Paseo Ahumada que nos dedicábamos todo el día a robar celulares, billeteras, joyas. Éramos inalcanzables”, recuerda José Muñoz, quien representa mucho más que sus 48 años, debido a una vida marcada por la delincuencia y el consumo de drogas, que derivó en una parálisis facial que lo dejó con dificultad para hablar.

Su señora y sus dos hijos lo abandonaron por su estilo de vida, cayendo él en una depresión que, pese lo terrible, lo hizo cambiar. “Un día entraron a robar a mi casa y se llevaron todo. Ahí comprendí lo que sufre la gente que es víctima de la delincuencia. Decidí ser otro hombre”, cuenta.

Llegó a Arica porque le dijeron que aquí nunca hacía frío. Le encantó la ciudad y se quedó. Pero sus antecedentes penales y su adicción no le permitían encontrar trabajo. Comenzó a ganarse la vida acomodando autos en la calle O´Higgins, pero no le alcanzaba. Dormía en la calle.

Su vida comenzó a cambiar. Encontró ayuda en la ONG Corfap, que le dio alojamiento y alimentación en sus centros de atención a personas en situación de calle, los que funcionan gracias un convenio con el Ministerio de Desarrollo Social.

“Sin la ayuda de ellos no hubiese podido cambiar. Por primera vez me sentí apoyado, que tenía en quienes confiar. Gracias a ellos pude, incluso, volver a ver a mi familia. Gente del centro buscó por internet, hizo averiguaciones y se contactó con mi ex señora y mis hijos. Y nos juntamos. Fue una inmensa alegría verlos tan grandes y sanos, con estudios, con su vida hecha. Les pedí perdón por cómo fui antes. Ahora mantengo contactos permanente con ellos”.

El otro Don Luis

Desde hace diez años, Luis trabaja en 21 de Mayo como acomodador de autos oficial, con credencial del municipio y todo. Tiene a su cargo la cuadra que está entre Gallo y Blanco. Los vecinos los ubican y confían en él. “La única vez que faltó un par de días fue porque estuvo enfermo, y a mí me entraron a robar al auto. Había otra persona que lo reemplazó. Con Don José jamás ha pasado nada”, cuenta Octavio Flores, dueño de la tienda de ropa Patronato 2.

José saca pecho ante el comentario del vecino y agrega que aprovecha sus oscuro pasado delincuencial para anticiparse a los robos. “Ya conozco las actitudes, cómo se paran, la mirada que hacen a los vehículos. Me acerco calladito y les digo que si no se van altiro o les pego o llamo a Carabineros. Ya han detenido a varios gracias a mí”, sostiene.

Sólo dos mil pesos cobra por lavar un vehículo y la cuidada es a la voluntad del conductor. “Pero tengo varios clientes frecuentes que me conocen y me dejan buena plata, sobre todo los que vienen al restaurante (Los Aleros del 21)”, asegura.

A la hora de almuerzo, José va a comer al “Centro Día”, lugar donde comparte con otras personas en situación de calle que ahí también se alimentan o descansan en sus dependencias. También pueden asearse o curar heridas.  Más de 30 usuarios asisten por día al recinto.

Pasadas las 19.00 horas, Muñoz llega hasta la hospedería “Noche Digna”, donde cena, ve televisión, comparte con ciudadanos en condición vulnerable que allí habitan y duerme en una habitación para cuatro personas. En el recinto también alojan mujeres que están en situación similar.

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