Una Biblioteca Muerta en Antofagasta

Por Juan Fadel

“Resistid, queridos libros, atravesad los días como caballeros medievales, y cuidad a mi hijo en los años venidero” Roberto Bolaño.

Hace unas semanas apareció publicada una interesante nota de Diego Maureira, publicada en revista la ARTISHOCK, acerca de la exposición Doméstica, de Jorge Cabieses-Valdés. Dicha muestra, que  se exhibe en la Sala MNBA del MallPlaza Vespucio, operaria para Maureira, como un “Caballo de Troya”, capaz de abrir el apetito de consumir cultura en una de las catedrales santiaguinas de la cultura del consumo.

Su columna acerca de esta “estrategia de infiltración” es lucida, inteligente y entusiasta, pero, a la luz de las últimas decisiones de la cultura-de-malls, resulta contrafáctica.

Ya muchos están al tanto de que, a principios de marzo, se anunció el cierre del espacio Biblioteca Viva en el MallPlaza de Antofagasta.

Arguyendo un “cambio en su plan de desarrollo” (sic), la administración de dicho establecimiento público un escueto y amargo comunicado en el que agradece a los socios y usuarios del espacio, así como a la Fundación La Fuente, quienes impulsan el proyecto, dejando límpido el claro éxito de la iniciativa tanto de la biblioteca como de las actividades culturales que impulso durante siete años.

La decisión implicó un grado de movilización de los usuarios, que  llevaron adelante acciones en defensa del espacio, y alguna manifestación en las redes sociales.

Y sin embargo la biblioteca cierra.

El gerente del Mall, Francisco Eskenaz, garantiza el compromiso con la cultura, y ha comunicado que los libros serán cedidos a la Biblioteca Regional, además de garantizar donaciones que permitan “adquirir las últimas novedades bibliográficas de modo de mantener actualizada la colección existente”.

La selección de los nuevos libros estará a cargo de la Fundación La Fuente y se realizará de manera trimestral.

Y lo más probable que el sitio en el que está ubicado sea cedido a una schopería para consumidores domingueros.

Sorprende que en la página de Biblioteca Viva, no se hiciese más ninguna mención a la situación tras el comunicado. Lo cual deja sin preguntas de que el cierre fue una decisión consensuada e irrevocable, entre la Fundación y la administración del Mall.

Está claro que el proyecto Biblioteca Viva, su futuro y los eventuales cierres de sus otras sedes, se rige y ordena por la lógica de mercado, ya que salvo la certificación del Comité de Donaciones Culturales, esta se mantenía en base al patrocinio de empresas e instituciones privadas.

Y sin embargo… una biblioteca cierra.

¿Puede tener futuro un universo cultural controlado (es decir financiado) por consorcios, sociedades o fundaciones? Los hechos nos muestran que sí. Pero sólo durante un tiempo, mientras que  estas participen de una forma más o menos alegre, más o menos efectiva, de las estrategias empresarias.

Como señalara el sociólogo francés Pierre Borudieu, subsumir ya no solo la producción, sino el acceso a la cultura a la lógica del liberalismo radical de la empresa es “la muerte de la producción cultural libre, porque la censura se ejerce a través del dinero”. Y esto fue lo que ocurrió.

La Biblioteca Viva fue censurada: no por sus libros, no por sus actividades, no porque su existencia pusiese en cuestión la lógica del orden capitalista, sino, porque al estar inserta y sostenida en este orden resultó menos lucrativa que un emporio de hot-dogs.

Las bibliotecas están, como casi todo, en un proceso de profundos cambios y cuestionamientos. Y el proceso es global: bibliotecas cierran por todo el mundo, o deciden renunciar a sus libros para convertirse en enormes repositorios digitales.

En la Argentina, por ejemplo, el laureado arribo de Alberto Manguel (intelectual cosmopolita, historiador del libro y la lectura y discípulo de Borges) como nuevo Director de la Biblioteca Nacional, especie de garantía de compromiso con la cultura del gobierno neoconservador de Mauricio Macri, no ha traído más que 250 despidos en dicha institución, marca un cambio de su perfil: de un espacio cultural de encuentro y difusión del mundo del libro, a una institución centrada en lo técnico y cuyo  mayor objetivo es la catalogación y digitalización del material.

En Chile, durante los más de veinte días de paro y debate que sostuvo la DIBAM, estas cuestiones volvieron a emerger parcialmente, pero aún persiste la necesidad de una reflexión colectiva que debemos realizar como país respecto al futuro e importancia de las instituciones que difunden el patrimonio.

Sin embargo, y me permito aquí parafrasear a Frédéric Barbier (historiador francés y autor de Historia de las Bibliotecas), la supuesta inactualidad de las bibliotecas puede no ser más que un engaño, ocultando el cambio de funciones de esta: responder a una demanda de  participación, igualdad, democratización, y por sobre todo, identidad cultural. Y cuanto nos obliga a pensar que estos procesos se den dentro de un centro comercial, y en el contexto de una iniciativa privada.

La cantidad de usuarios de los que se ufanan tanto la gerencia del Mall y la Fundación (14.500 socios y 776.000 visitantes; 109.200 préstamos de material bibliográfico y audiovisual y 79.000 asistentes a las actividades de extensión cultural) dan cuenta de que, efectivamente, esa biblioteca estaba viva; y las acciones que usuarios y ciudadanos llevaron adelante para mantenerla en funcionamiento expresan que esta terminó por ser mucho más que solo una curiosa iniciativa, y parte de una estrategia comercial e impositiva de una empresa millonaria

Pero los hechos son claros: Antofagasta tiene su mal-Mall, y una Biblioteca Muerta.

EA/jf/css


Para saber más: Sígue a Fadel en Facebook : Leer notas y más sobre el mundo del libro, la lectura y la edición, así como interiorizarse de la librería https://schmittyhobbes.wordpress.com/


 


[wbcr_php_snippet id="27241"]

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.