Rusia 2018: Terminó el mundial, lo que nos deja Rusia

El desconocimiento de Rusia para el resto del mundo es casi total y excepto, una pequeña minoría que por diversas circunstancias han estudiado sobre esta región, la mayoría del planeta aún retiene lo concerniente a lo que fue en su momento a la antigua Union Sovietica, con sus duras leyes y ausencia de la democracia, todo auspiciado por la clase política de turno.

Por Jair Moná desde Rusia para EANOTICIAS.

Ya antes del viaje, mucha curiosidad generaba llegar a Rusia con esa imagen imantada del Presidente Putin, uno de los líderes con más opinión acerca de las política internacional. El que se sienta en la mesa chica con las potencias del planeta. Esa es la foto con la que se llegó dentro del bolso al Mundial de Rusia 2018. Un mundial que permitió que en las distintas sedes se hayan visto inundadas de personas provenientes, literalmente, de todo el mundo, independientemente de que sus selecciones hayan clasificado para esta cita deportiva. Por supuesto que los seguidores de las 32 selecciones que han dicho presente se han hecho notar mucho más.

Una vez en Moscú o a cualquiera de las ciudades-sedes, el primer temor es el idioma y el segundo, la fama de poca amabilidad de sus residentes. Al realizar la primera pregunta a los residentes sobre cómo llegar a cualquier sitio, todo cambia y esas personas muestran su verdadero valor y generosidad sin limites para no solo ayudar, sino acompañar, si es necesario, dejando de lado sus compromisos laborales, a quienes vienen desde tan lejanas y extrañas tierras, todo con el fin que podamos solucionar nuestras necesidades.

La seguridad, por supuesto, que ha estado al orden del día, pero que se manejan con mucha tranquilidad y amabilidad. Además, con un panorama multicultural a pleno y con la finalidad de no cometer errores, las autoridades han necesitado del apoyo de policías provenientes de los distintos países que asistieron al Mundial para asesorarlos sobre el comportamientos de sus coterráneos. Proceso que fue arduo y que lo hicieron con altura y decoro.

Así, en Rusia hemos aprendido de la alegría de la gente, que aunque se les nota en su rostro el cansancio de una clase trabajadora, velan por el amor hacia su país, el respecto a las normas. No es sino ingresar a ese mágico y estresante mundo del mítico “metro” de Moscú o también llamado el “palacio subterráneo” por primera vez, para aprender que en las escaleras eléctricas de sus larguísimos túneles debemos ubicarnos al costado derecho y dejar libre el izquierdo para que puedan pasar raudas las personas que van apuradas. En los cruces viales, ver como se respeta el paso de los peatones sin la necesidad de un semáforo o un policía que lo controle y además, el no escuchar el sonido estridente y permanente de las bocinas (claxones) de los vehículos como sí sucede en Latinoamérica. Acá solo se escucharon los sonidos de la cornetas de los hinchas alentando a sus equipos.

Un párrafo aparte es la belleza de la mujer rusa. Es incomparable, rostros bien definidos, ojos claros, contextura delgada y una gran cordialidad, pero con mucho temperamento y carácter en sus decisiones.

Rusia no es nada de lo que nos han contado. Rusia es cultura, una hermosísima arquitectura, gran respeto por la naturaleza, pero sobretodo, una gente con deseos de salir adelante en la vida, con la necesidad que el mundo sepa que una cosa es la clase política, como en nuestros países, y otra, el pueblo.

Que grande es Rusia y no solo en extensión. Es grande por quienes aquí viven. El mundo llegó a esta vasta cultura y quedó maravillado. Ahora es necesario que los rusos vayan por el mundo y cuenten de sus vidas, sueños y deseos e inviten a los que no han venido a que no se pierdan la posibilidad de encontrar un país mágico.

EAN / css/  Foto: Adrián Taccone

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