El hábito de recordar en el cementerio precolonial más antiguo del mundo

Por Marcelo Aguilar

El día de Todos los Santos que se conmemoró como cada año este 1° de noviembre pasado, fue un día de reencuentro, reflexión y oración para cientos de familias que llegaron al Cementerio Municipal de San Miguel de Azapa, el camposanto precolonial en uso más antiguo del mundo.

Pasado el mediodía, se hacía intransitable el acceso al lugar, en el que comerciantes ofertaban flores, coronas y presentes, entre naturales y artificiales, que permitieran dar un ambiente especial a los sitios en que yacían los restos de sus familiares.

Algunos se instalaron con el fin de desayunar, almorzar o a la espera de las onces, junto a sus seres queridos, ambientados con grupos musicales, quienes entonaron temas que fueron del deleite de quienes ya que estaban junto a ellos.

“Es un verdadero reencuentro, y es lo que siempre festejan nuestras comunidades con quienes partieron, y hoy lo vemos nuevamente”, expresó la educadora de párvulos, Maricel Quispe.

Quienes han destacado por investigar la lengua aimara, como Manuel Mamani, director del BAFUT, reflexionaron en torno esta conmemoración “ y todos hemos venido, a recordar a nuestros padres y familiares que están acá, pero que continúan en nuestros recuerdos de la mejor manera”.

Tradición: Los familiares llegan hasta aquí cada año en lo que se ha transformado en un sello distintivo.

Otros en cambio, vivieron como músicos el significado de esta celebración, y que implicaba mucho más que un recuerdo “y pienso que es el sentir de todos quienes nos hemos dado cita en este camposanto, en donde la música en su más variadas expresiones se hace presente”, manifestó el Trabajador Social Ismael Ojeda.

Fueron muchas familias, que desde la capital, se radicaron en el extremo norte, y como una forma de honrar la memoria de sus seres queridos, ejecutaron y entonaron el himno a Arica “es lo que siempre amó mi padre, pese a haber nacido en Santiago, inculcándonos el amor a esta tierra que me vio nacer”, resaltó Santiago Orellana.

De esta forma se conmemoró este día tan especial, en el que también hubo tiempo para recordar a quienes ya han partido, que en vida hicieron historia, como en el ámbito educacional, en este caso el profesor Ramón Jorquera, que dejo un legado imperecedero allá, en las alturas de Codpa; o el caso de Oscar Sáez, quien dejó una verdadera escuela de hacer radio, y que como una forma de recordarle existe una sala de prensa en el municipio ariqueño, la que lleva su nombre.

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