Presidenta entrega Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas a la escritora Hebe Uhart

En el Salón Montt Varas del Palacio de La Moneda, la Jefa de Estado, Michelle Bachelet, acompañada por el ministro de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Ernesto Ottone, entregó este jueves el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas a la escritora argentina Hebe Uhart.

La destacada autora nació en 1936 en la ciudad de Moreno, Argentina. A los 17 años comenzó como maestra en una escuela rural, mientras por las noches estudiaba Filosofía en la Universidad de Buenos Aires, lugar donde más adelante dictaría clases y comenzaría a ser conocida como “maestra de la escucha y la mirada”, gracias a los cuentos que rescatan su amor por los viajes y su particular forma de pronunciar el mundo.

Entre sus libros destacan “Dios, San Pedro y las almas” (1961), “El budín esponjoso” (1976), “Guiando la hiedra” (1997), “Relatos reunidos” (2010) y “Viajera crónica” (2011). Dueña de un fino humor y una particular mirada de la realidad, Uhart ha sido merecedora de reconocimientos como el Premio Fundación El Libro al Mejor Libro Argentino de Creación Literaria en 2011 y dos veces el Premio Konex. Además, se desempeña como docente y colaboradora de importantes medios de comunicación internacionales.

“Con Hebe Uhart llega a estos salones cierto aparente tono cotidiano, una sabiduría de andar por casa, como dicen al otro lado de la cordillera, y un arte que pareciera no tener secretos, pero que precisamente por su aparente simplicidad, los tiene por montones”, señaló la máxima autoridad nacional tras hacer entrega del Premio.

En esta línea, agregó sobre la autora que “en su narrativa, siempre con delicado sentido del humor y evitando cualquier efectismo, Hebe Uhart captura y retrata el absurdo y la belleza de la vida diaria, la grandeza muchas veces implícita en situaciones y personajes modestos, generalmente anónimos”.

Respecto a su trabajo como formadora, profesora universitaria y cabeza de un taller literario por treinta años, comentó que “escribir es también enseñar a escribir, y pensar es enseñar a pensar, y en ese diálogo nos enriquecemos todos. Un taller literario no es una academia en que se trasmiten conocimientos y técnicas, secretos y detalles de construcción: es una conversación que de una manera u otra reproduce el diálogo del autor con sus lectores, y del escritor con los escritores y escritoras que él leyó y le enseñaron a mirar, a escuchar, a decir”.

EA/

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