Pola Oloixarac, oscuro, como una noche sin luna

Por el Genio Maligno

Pola Oloixarac, Las constelaciones oscuras. RandomHouse: Buenos Aires. 240 pgs.

Es toda una experiencia leer a Pola Oloixarac. Su primera novela, Las teorías salvajes (Entropia, 2008) hace estallar por los aires la “novela de campus”, ese género bien anglosajón tan dado a describir la vida intelectual como un largo y lento proceso de descomposición.

Oloixarac narra de forma descarnada los circuitos culturales y académicos de los bourgeois-bohème de Buenos Aires. Ahí, la vida universitaria de la Facultad de Filosofía y Letras se transforma en un universo paralelo habitado por docentes, becarios y estudiantes,  personajes de un creciente patetismo e incapacidad de dar cuenta de su contexto, marcado por el ascenso del kirchnerismo y los estertores últimos de las barricadas de la crisis de 2001.

Las teorías salvajes fue un remesón inesperado, que no solo terminó de consolidar la labor de esa pléyade de editoriales independientes que surge en el Buenos Aires postcrisis, sino que además dejó sus efectos en el campo literario haciéndose sentir con especial simpatía entre las especies que habitan el ecosistema que la misma novela narra: múltiples notas, ponencias y una magnifico ensayo del Dr. Jorge Dotti, incluido en la reedición ampliada de Las vetas del texto (Las cuarenta, 2009), un clásico apasionado y apasionante sobre filosofía política e historia de las ideas en la Argentina.

Tras este debut no extraña que Oloixarac se tomara un largo intermedio (en el cual, además, redactó el libreto de la opera Hércules en el Mato Grosso) antes de publicar su segunda novela.

Pero como no hay plazo que no se cumpla, hace unas semana salió a la venta Las constelaciones oscuras.

Los cambios fueron importantes: el pase, cual jugador de futbol, de la editorial independiente a la multinacional Random House; el salto de la novela de campus a una reflexión sobre la genética en un tono de ciencia ficción; de los universitarios postmodernos a exploradores decimonónicos, emprendedores de la biotecnologia y hakers, aunque los becarios persisten, como incansables agentes del capitalismo cognitivo.

De clima apocalíptico, pero sin perder el humor siniestro, el tríptico que compone Las constelaciones oscuras sostiene una reflexión epistemológica, una lectura desilusionada del conocimiento y las formas en que este se produce en un contexto en el que el capital ha encontrado en la biotecnología el futuro de su cadena de valor y control.

Pero esta reflexión se muestra como ensoñación, como delirio, para luego ocultarse en una composición plegada de datos y detalles, esos lugares en los que el diablo se esconde: sutiles teorías biológicas, etimologías, proyectos secretos, fenómenos celestes, las diferencias de trato para con los gérmenes de Michael Jackson y Madonna, los efectos afrodisíacos de ciertas flores sobre los roedores, los efectos de la migración nazi sobre los sueños atómicos de Peron…

El título de la novela hace referencia precisamente a esto, ya que los astrónomos incas, a diferencia de los de tradición europea, construían su teatro cósmico en base a constelaciones que no se definían por los trazos de luz que formaban los astros, sino por las áreas oscuras de la Vía Láctea. Intervalos de oscuridad entre las estrellas, de esa forma se presenta el conocimiento:

         “Lo que arma el espacio significativo no es el contorno, no son los puntos brillantes, no es la presencia de luz, la luz es el ruido en las constelaciones oscuras. Lo que significa son los espacios negros entre los puntos. Cada vez sabemos más, tenemos más información, pero desde el punto de vista de las constelaciones oscuras, desde el fondo perdemos la vista del contorno. (…) Vivimos en una época tan poseída por los demonios que solo podemos practicar la bondad y la justicia en la más profunda clandestinidad -murmuró Max-. Descendimos tanto a la oscuridad que ya no se separa de nosotros. No hay luces fuera del sistema. La clandestinidad es el único sistema.”

Apocalipsis no como fin del mundo, sino como fin de una especie capaz de otorgar y apropiarse del sentido. Como un extravío de lo humano, ante formas nuevas que él mismo creó, para subsumirlo.

EA/jcm

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