La historia de Elvis Hurtado: Lo eligieron para jugar al fútbol, hoy se tituló de ingeniero agrónomo

Es otro rey como Elvis Preysler, pero del esfuerzo y sacrificio que vio a los 45 años cumplir uno de sus sueños, titularse como ingeniero agrónomo de la UTA. Se llama Elvis Hurtado Cortés.

“Tenía como 17 años y como era bueno para el fútbol me trajeron para reforzar el equipo del Instituto de Agronomía”, así recuerda Elvis, soltero, conocido por todos en Azapa como “Chocolo”, su ingreso como auxiliar en Azapa al Instituto de Agronomía de la entonces Universidad del Norte, hoy Universidad de Tarapacá, donde comenzó “limpiando canales y pozas”, allá en 1988.

Actualmente es un personaje en la Facultad de Ciencias Agronómicas de la UTA, no sólo por su simpatía y personalidad, sino, porque es un ejemplo de responsabilidad, constancia y esfuerzo, virtudes que lo llevaron recientemente a titularse de ingeniero agrónomo, convirtiéndose así en colega de sus otrora jefes y profesores.
A principios de enero de 2015 defendió su tesis para obtener el título de ingeniero agrónomo, reunión que fue seguida por una numerosa concurrencia integrada por académicos, funcionarios y alumnos, todos -conservando la solemnidad del caso- de alguna manera hinchando porque al “Elvis o Chocolo”, le fuera bien. Y así nomás fue, al final grandes felicitaciones, abrazos y aplausos para este humilde trabajador azapeño a quien en dicha Facultad de Agronomía todos admiran y quieren, porque nunca se ha restado a algún desafío en el trabajo, ni menos poner mala cara. Lo más difícil que le resulta porque anda siempre sonriente.

Recuerda ahora que ese día de la defensa de su tesis “estaban todos nerviosos, pero yo estaba tranquilo”.
Un logro y un regalo para su familia. Su padre Rodolfo Hurtado Olivares, con más de 70 años, trabajador agrícola toda la vida y ahora refugiado en su casa en San Miguel por enfermedad; y sus hermanos, que son tres, el mayor, Rodolfo, trabaja a cargo de un packing en Azapa, y sus hermanas Iris, secretaria en el misma facultad, y Mirna, la menor, profesora de matemática, egresada de la UTA y que trabaja en el Liceo A-1. Lamenta que su madre, Marina Cortés Pérez, ya no esté con ellos. Hace un par de años una repentina y cruel enfermedad se la llevó, por eso ahora a ella agradece, al igual que a su padre, que pese a ser humildes, de precarios recursos económicos, les hayan dado una buena formación valórica a todos sus hijos.
Su tesis fue sobre el tema “Comparación del nivel de tolerancia a salinidad y exceso de boro entre el tomate cultivar Poncho Negro y variedades de tomates nativos”.

Sobre su futuro, dice que quiere seguir en la UTA, desechando ofertas que ya le han llegado para trabajar en empresas semilleras instaladas en el valle. Mientras, seguirá en el Laboratorio de Cultivos de Tejidos Vegetales de la Facultad, donde desde hace veinte años trabaja como auxiliar y se relaciona directamente con los investigadores y académicos, a quienes les entrega los datos procesados de los análisis bioquímico de plantas, tras ir a terreno a buscar las muestras. “El Elvis se las sabe todas. Tiene un conocimiento en este laboratorio que no es fácil adquirir y eso para la Universidad tiene un gran valor”, dijo el agrónomo y profesor Hugo Escobar.

Con todos los académicos, funcionarios y colegas auxiliares tiene buena onda. Sin embargo, reconoce en la Dra. Elizabeth Bastías su principal apoyo para salir adelante con su carrera de agronomía, a la que ingresó después de estudiar primero para contador auditor.

Recuerda que ingresó a esa carrera porque era vespertina. Los horarios de trabajo en el laboratorio le eran incompatibles para estudiar agronomía. Sin embargo, gestiones internas, donde lo ayudó mucho la Dra. Bastías, le permitieron ingresar a agronomía, pero fue una tarea dura, porque tenía que compatibilizar sus estudios con el trabajo, devolviendo en horarios nocturnos las horas que en el día dedicaba para ir a clases. Además no podía tomar todos los ramos del currículo de la carrera, por lo mismo los cinco años que demora la carrera a él le demandaron diez.

Y ahí está ahora con su título, quizás como para remediar su frustración adolescente cuando se fue a estudiar ingeniería en minas en Antofagasta, que es otra historia que ya le contaremos.

Para la Dra. Bastías, lo conseguido por Elvis es mérito sólo de él. “Somos muchos en la facultad que lo hemos ayudado, es cierto, pero porque se merece ese apoyo y más. Es un funcionario ejemplar, muy hábil, inteligente, aprende muy rápido y muy responsable. Da gusto trabajar con él, porque realmente facilita las cosas, además es muy ordenado y riguroso en su trabajo”. Para su hermana Iris, es un orgullo lo conseguido por “Chocolo”. “Estamos todos felices con su título y se lo merece porque siempre ha sido muy estudioso y responsable”, dijo.

Con su hermana Iris.
Junto a su hermana Iris. La contención familiar fue vital para lograr su objetivo.

De la escuela pública a la universidad
El flamante nuevo ingeniero agrónomo hizo su enseñanza básica en la Escuela F-25 de Azapa, actual Liceo Agrícola. La media la cursó en el Liceo A-1 de Arica. Como era buen alumno y le fue bien en la, entonces, Prueba de Aptitud Académica, PAA, apoyado por becas, ingresó a la carrera de ingeniería en minas en Antofagasta. Tenía 16 años.

Sin embargo, no alcanzó a terminar el primer año, porque alrededor del mes de octubre, en plena dictadura -1986- participó de una toma en la Universidad y sus sueños se vieron repentinamente frustrados.

“Nos desalojaron a todos, si hasta de helicópteros bajaron militares y nos expulsaron de la universidad. Éramos 90”, cuenta y de paso confiesa que esta es primera vez que hace pública esa historia, porque sus padres, hermanos ni sus amigos nunca supieron lo que le pasó en Antofagasta. De regreso a casa y en San Miguel, les contó que le había ido mal en los estudios. A sus padres no se atrevió a contarles la verdad. Perder la carrera por meterse a protestar y en dictadura, creía que no se lo iban a aceptar.
Por eso mismo después tuvo que agachar el moño y hacer frente a lo que viniera. No podía quedarse en la casa sin trabajar. Así fue como pronto lo fueron a buscar porque era bueno para el futbol, para reforzar al equipo del Instituto de Agronomía que siempre era goleado por los equipos de Saucache.

Así comenzó su otra historia, en la cual al principio se retaba así mismo, especialmente las primeras semanas cuando limpiando canales y pozas veía sus manos ampolladas: “puchas, porque no seguí estudiando”.

Pero que la vida tiene muchas vueltas y siempre brinda nuevas oportunidades, este es un ejemplo. Tras un par de años como auxiliar de campo en el Instituto de Agronomía, pasó a la planta elaboradora de jugos que tenía el Instituto. Ahí estaba cuando vino la fusión de la Universidad del Norte con el Instituto Profesional de Arica, que reemplazo a la sede de la U de Chile, que dio nacimiento a la Universidad de Tarapacá. Dicha planta después se cerró y como al técnico del laboratorio lo habían despedido, lo enviaron a él como reemplazo para salvar la situación momentáneamente. De ahí no se movió más y hoy en los hechos es mucho más que un técnico en dicho laboratorio.

Lo demás es ya historia conocida. Lo que no sabemos es si le contó a su padre y hermanos aquello oculto de su expulsión de la universidad en Antofagasta y que hoy forma parte del anecdotario de su vida, porque ahora está saboreando la parte dulce de la vida, después de muchos sacrificios y sinsabores. Su viejo, Rodolfo, seguro, no puede estar más orgullo de su Elvis, a quien le puso así porque era un gran admirador del rey del rock Elvis Presley.
EA/rnr

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.