Escribiendo sobre las ruinas

Por El Genio Maligno

Álvaro Bisama, Taxidermia, Santiago: Alquimia, 2014, 213 paginas.

Las imágenes y los sonidos que construyen la memoria van perdiendo definición. Se desfiguran, se diluyen, se borran…  Proceso natural e irrefrenable de la memoria, el deterioro es el horizonte de toda vivencia, su fantasma y su destino.

Después de la destrucción solo ruinas, portadoras de una singular belleza. Walter Benjamin, un apasionado por las ruinas y las historias borradas que éstas contienen, escribe en Dirección única (1928): “Las construcciones cuyas ruinas se elevan hacia el cielo resultan a veces doblemente hermosas los días claros, cuando la mirada se cruza, a través de sus ventanas o en sus partes más altas, con nubes que pasan. La destrucción reafirma, gracias al efímero espectáculo que abre en el cielo, la eternidad de aquellas ruinas.”

Taxidermia, la última novela de Álvaro Bisama, es una quebrada reflexión sobre el olvido, sobre lo transitorio de toda experiencia. Un cúmulo de ruinas que asemejan una vida.

En un libro con un formato muy interesante (fragmentario, pequeño, con hojas manchadas que emulan la imperfección borrosa de la fotocopia), un narrador indaga, con intención documental, en la vida de un dibujante de comics. En el proceso, que cruza vidas y obras, terminan por extraviarse todas las voces y todos los recuerdos.

Una novela de desgaste (como algunas guerras), donde la quimera del documento, como memoria instituida capaz de enfrentar al tiempo y al olvido, se pierde entre los vacíos, volviéndose un imposible. En Taxidermia el único testimonio posible son los restos de una memoria que se va borrando, un paisaje de y fragmentos.

No es una estrategia nueva en la narrativa de Bisama, como nos mostró en su novela  Ruido (2012), pero en esta nueva obra está llevado hasta el extremo: el desolador efecto de Taxidermia radica en la escritura de postales cargadas de violencia, que quedan reducidas a anécdotas ante los espacios en blanco (del relato, de la página manchada). Su efecto perturbador no radica en lo que dice, ni en lo que no dice, sino, en un clima donde parece imposible, o inútil, el decir.

La memoria se muestra como lo puramente efímero, como certezas falaces de algo que parece haber sucedido, pero que constantemente se pone en duda, y donde todo parece hablar sobre el agotamiento de los materiales y el límite de los soportes: ya sea la experiencia de lo vivido o las redes neuronales se agotan y secan, la memoria se iguala, en su fragilidad, a la definición fantasmagórica de la fotocopia, a la cinta de vídeo que se desmagnetiza.

El paisaje de ruinas es también una profunda crítica del malditismo, a las reglas del campo cultural, a la vida de campus, a los caminos de falsas esperanzas para artistas que nunca llegan a legitimarse y se ven relegados a estrategias de subsistencia, en un paisaje de precariedad provinciana: filmando matrimonios, produciendo fanzines de comics under, o en  la soledad del porno amateur.

Taxidermia es quizás la jugada más arriesgada de Alvaro Bisama, en tanto parece no esperar nunca ser leída, sino, simplemente puesta en obra, y de manera trunca, lo cual se agradece.

EA/jcm

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