¿Por qué debemos adherir al Comercio Justo?

Por Paula Araya, general manager de The BodyShop

El exceso de oferta de productos en distintas industrias alrededor del mundo, ha llevado a los consumidores a adquirir, muchas veces de forma desmedida y sin consciencia, bienes que satisfacen una necesidad, pero de los cuales muchas veces desconocemos su trazabilidad. Como respuesta a un mercado muchas veces indiscriminado, surgió una tendencia que cada vez crece con más fuerza en distintos países: el Comercio Justo.

De acuerdo a datos entregados por la World Fair Trade Organization (WFTO), hacia 2014, las naciones más sensibilizadas en el valor del Comercio Justo eran Suiza, Finlandia, Irlanda y Gran Bretaña. En la actualidad, se estima que las ventas anuales de productos con sello Fair Trade, sólo en Estados Unidos, alcanzan los US$1.500 millones, mientras que superan los US$5.000 millones en todo el mundo.

En nuestro país, la masificación de este concepto -que implica pagar un precio justo, rechazar el trabajo infantil y respetar el medio ambiente, entre otros principios acordados internacionalmente-, aún se encuentran en una etapa de desconocimiento. De hecho, según datos recogidos en 2017, apenas un poco más de 20 empresas se encuentran certificadas en la práctica del Comercio Justo. Los rubros con mayor presencia son el artesanal y la agricultura.

Cuando pensamos en pequeños productores desprotegidos ante la maquinaria de las grandes compañías o cuando queremos comprar alimentos orgánicos, que provienen del trabajo de emprendedores, estamos adhiriendo al Comercio Justo. La competencia, como sabemos, sigue siendo descarnada, sin embargo, existe un espacio suficientemente grande para seguir pensando en que esta práctica puede resolver, en parte, la excesiva inequidad que existe en el mercado.

El Comercio Justo no solamente significa seguir una tendencia a nivel mundial. Cuando lo fomentamos y compramos productos que cuentan con esta certificación internacional, estamos abriendo espacio para que hombres y mujeres que no se encuentran en igualdad de condiciones frente a otros grandes del mercado, puedan comercializar, surgir y acceder a una mejor calidad de vida para ellos y sus familias. También, diversificamos las alternativas existentes en las economías locales, lo que beneficia directamente a los consumidores. Y cuando las grandes empresas trabajan bajo este modelo con agricultores o artesanos, podemos confiar en que las condiciones en las que se efectúan las transacciones son beneficiosas para ellos.

El 12 de mayo se conmemora el Día Mundial del Comercio Justo. En nuestro país, esta fecha se transforma en una instancia ideal para reflexionar sobre cuánto conocemos de él, de qué manera lo incorporamos en nuestra vida y qué estamos dispuestos a realizar para que tenga una mayor presencia. Honremos a nuestros pequeños productores y sepamos reconocer en ellos el esfuerzo que hacen por innovar y entregar lo mejor de Chile y celebremos a aquellas empresas que, conscientes del rol que tienen en la economía, deciden trabajar bajo este modelo para nivelar un poco la cancha.

EA

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.