De mal agüero

(Por EL Genio Maligno)

  Diego Alfaro Palma, Tordo. Editorial Cuneta: 2014. 68 pags.

“Todavía aleteo

con el pescuezo torcido y las alas en desorden ”, Enrique Lihn

Otoño 2015, Liberia Norte, uno de los lugares donde dejó parte importante de mi sueldo mes a mes. Aquí aconteció mi primer encuentro con Diego Alfaro Palma, un joven limachio, editor, poeta.

         Hace unos años había conseguido en una venta de saldos en Santiago su Antología de Ezra Pound en Chile (Universitaria, 2011). Poco y nada sabía de él. Ahora trabaja de Librero en Buenos Aires. Así llegué hasta Tordo.

         Libro breve, separado en dos partes. En su centro, una foto del invierno.

La primera parte del libro es una sucesión de poemas en prosa, principalmente, que nos plantean una vida urbana muy semejante a una condena. Desde los rincones una fauna completa se cuela para simbolizar estados de ánimo entre imágenes de páramos y hojarasca.

“En las oficinas se crean extensos parajes vestidos de grama y maleza. Las líneas apuntan hacia una parte (distintas al dibujo de un niño) hasta que por fin forman una casa, un edificio o un departamento de ventas. La oficina copia esa realidad como un sueño que se repite en la mente del tordo, lo hace sudar frío, aletear innecesariamente, antes del despertador y la corbata que le atora el cuello. El despertador vuelve para dirigirlo a esos parajes; no canta, pero computa un presupuesto acotado al lenguaje de las oficinas.”

Pareciera que lo perdido en la infancia es esta imagen rural; pero más terrible que bucólico marca un desencuentro constante, el territorio se trasforma desde ahí volviendo equivalentes cada rincón con el Malule chileno, la sierra peruana o Verdún.

Se dejan ver Ted Hughes, que junto con Enrique Lihn, como los claros precedentes de la poética de Alfano Palma.

Lo rural, semejante a lo fatal, aparece como fantasma en una ciudad sucia, entre recuerdos del sur (frio y cipreses talados) y el hogar-nido.

La segunda parte nos presenta a Jeanne, a quien se dirige un largo poema separado en diez partes. Secciones a modo de cartas, en un largo viaje hacia Montreal, ciudad que será una nueva Ítaca boreal, donde se dirigen los pensamientos en naufragio. Pero también Buenos Aires y Valpariso, heterotopías concatenadas donde se extravían los individuos y las cosas.

“…a Valparaíso lo quisieron sacrificar como un perro/ la tercera es el perro vomitando sangre y pedazos de vidrio/ por la mañana la ciudad yace limpia el orín se evapora de las murallas/ aunque nosotros hemos entrado a ese bar a conseguir cerveza/ los hombres hablan sobre la forma en que me revolviste el pelo/ en una cajita de metal tienes cartas del tarot/ pero es muy temprano para hablar de la piel/ y los viejos se han ido a sus casas a besar la espalda de sus mujeres/ la tuya está poblada de lunares que me doy el trabajo de unir (…)”

Ahí se cruzan la dulzura y la crueldad que se esconden en la memoria como una sola cosa, donde política y poética se hacen equivalentes, lo propio y lo ajeno, lo vivido y lo leído, tal que a los lugares se superponen fragmentos de poemas de otros, con Lihn o Brecht enquistados en cursiva.

Tordo es un libro donde la política, de utopía y fracaso, es una constante. Las balas resuenan en los poemas, la soledad y lo quebrado. Toda pena es poética, nos sugieren los poemas.

Es por eso que cobran significado los paisajes que muestra la tv, los viajes, las lectura que se suceden en Tordo, una reflexión del desarraigo.

Para Alfaro Palma la única patria son los libros.

EA/jcm

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