Tapa del informe anual sobre la situación de los derechos humanos en nuestro país. crédito: indh.cl

Ciudadanos de ayer, ciudadanos de hoy, los desafíos para el gobierno local

Por  Karl Böhmer M.
Ma Historia Director Magister en Promoción y Defensa de los Derechos Humanos / Universidad ARCIS

La dictadura que sufrimos como país entre el 1973 y el 1989, como otras que hubo en nuestra región en ese tiempo, no sólo nos legó represión, muertos y desaparecidos. Nos heredó algo muy importante: el conocimiento que en 1948 las Naciones Unidas habían aprobado la llamada Declaración Universal de los Derechos Humanos. Además que en el año 1966 se habían plasmado en convenciones (legalmente más vinculantes) suscritas por nuestro país, pero no ratificadas hasta hace poco.

¿Pero qué es eso de los Derechos Humanos? Hay dos teorías fundamentales que los sostienen y que se complementan entre ellas: todo se basa en que veamos en la otra persona un ser de nuestra propia especie. Además, unos sostienen que estos derechos los tenemos previo a nuestra existencia (los llamados esencialistas) ya que una divinidad nos hizo a todos. La otra fuente de justificación de la idea de los Derechos Humanos es la contractualista: una vez que se establece un tipo de sociedad política democrática se entra en un contrato que reconoce los mencionados derechos inherentes a cada uno de por igual  de los partícipes de esa sociedad política  y con eso  ” no pueden ser privados o postergados; en esencia, el gozo de la vida y la libertad, junto a los medios de adquirir y poseer propiedades, y la búsqueda y obtención de la felicidad y la seguridad.” (Declaración de Derechos de Virginia, 1776)

De ahí en adelante ya no se es “súbdito” de un rey o príncipe, sino que se pasa a ser un ciudadano. Con el tiempo se va perfeccionando el concepto de estado democrático, republicano y representativo. Ya no dependen del arbitrio del monarca, sino que cada individuo se reconoce parte de una nación política (cada miembro de ella puede votar, expresar su opinión), o de un estado que debe prestarle protección frente a la violencia de los demás y a la de la economía reinante, prestándole protección social y la garantía de no “padecer miedo” frente a situaciones de desmedro físico o psíquico.

Pero hoy en día el concepto de ciudadanía se ha expandido, con apoyo de la institucionalidad internacional: uno requiere del derecho a la participación y a la rendición de cuentas por parte de las autoridades. El derecho a co- gestionar su medio ambiente (su espacio donde vive  y se desenvuelve), de ser escuchado en el diseño de las políticas que recaen en su beneficio o signifiquen una carga para el/ella.  Pero, el mayor reto para la autoridad, sea local, regional o nacional, es aquel que tiene referencia con la exigencia de rendir cuentas frente a la ciudadanía. no sólo de los gastos provenientes del erario público , sino , a lo mejor sobre todo, de su probidad personal y familiar: ser un gestor público tan traslúcido como un cristal, que no deje duda alguna de su cumplimiento con el deber de servir a la comunidad y no considerar su cargo como  un reducto para servirse, él, sus familiares y red de amigos, del erario público como “autoservico.”

La participación efectiva y la rendición de cuentas son, en este momento (en conjunto con la importancia de participar de los comicios) de la historia de  nuestros países y del mundo, la clave para revitalizar la democracia, que al fin, es el único tipo  de ordenamiento estatal que nos garantiza el reconocimiento de los Derechos Humanos.

EA/kb

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