La alegría Argentina: Maxi se abrazará con Romero y todo es una fiesta. /fifa.com

Así estalló Buenos Aires al pasar a la final de la Copa del Mundo 2014

Fueron duros 120 minutos de juego. Un partido extraño, de nervios, donde los dos equipos prácticamente se atacaron poco. Una vez en los penales, “Chiquito” Romero como apodan al portero de Argentina, ya le había atajado los remates a Ron Vlaar y Wesley Sneijder. Antes habían convertido Lionel Messi, Ezequiel Garay, Sergio Agüero.

El silencio en Buenos Aires era casi absoluto, 24 años de espera y una final en el mismísimo territorio de su rival deportivo más temido y hoy vilependiado. Qué momento. Calles vacias, un caparazón de acero y una fe inquebrantable en cada hogar trasandino. Delante del balón se puso Maximiliano Rodríguez quien miró al buen portero holandés Cillessen, para tomar carrera, pegarle con fuerza y ver como el balón cruza la línea de gol ante la estirada en vano de un Cillessen resignado. Maxi corre a abrazarse con el portero Romero. Comienza la historia de una final.

La emoción que se traslada a cada rincón es total. El inicio de ella comenzó desde los pies de Maxi, con el último aliento. Los trasandinos consiguen nuevamente llegar a disputar la final de una Copa del Mundo. Algarabía y locura en las calles de la Ciudad de Buenos Aires. ¿Cómo será si salen campeones?

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