Argentina: El silencio marcó la multitudinaria marcha en homenaje a Alberto Nisman

La Marcha del Silencio que se realizó ayer a la tarde noche en Buenos Aires, el homenaje póstumo de la sociedad Argentina al Fiscal Alberto Nisman, fallecido hace un mes,  estuvo fuertemente marcada por una multitudinaria convocatoria, se dijo que llegó a las 400 mil personas.

(Por Cristian Sáez desde Buenos Aires / @cssaez)

También, por esa especial emotividad en el ambiente que se traslucía en cada uno de los rostros de los que concurrieron. Gesto, quizás, hecho por el hartazgo a la impunidad, por el cansancio de los problemas sociales y económicos, por la soledad en la que se encuentra su presidenta o porque ahí, en la marcha, también caminaban con dolor las hijas del fallecido fiscal. Silenciosamente, todos los problemas del vecino país, paso a paso, se fueron llevando en el camino.

Hombres y mujeres con sus niños a “upa” o en cochecitos,  gente mayor del brazo apoyándose mutuamente o caminando uno al lado del otro, con amabilidad, en una procesión, tal cual la consigna de los organizadores.

Un respeto único hacia el otro, no hubo cánticos nefastos en alusión al gobierno ni a la Presidenta Cristina Fernández, sí, esa mirada genuinamente melancólica pocas veces vista en una expresión de este tipo por estos lares, la importancia de estar ahí acompañando, en un país que atraviesa un destino más bífido que nunca y la manifestación, en cada paso que daba, en dirección a la plaza de todos, la simbólica Plaza de Mayo, pedía esperanza para buscar un futuro mejor. Lo pedía la gente ante las cámaras de la TV, que éstas, por otra parte, no tenían nada más qué mostrar, ningún desmán ni atisbo de violencia, sólo paraguas caminando por las diversas arterias del centro de Buenos Aires.

Paraguas, porque al inicio de la marcha, a las 18 horas, cayó una lluvia torrencial que no logró disuadir a ningún concurrente y empapados, siguieron adelante por todas las calles, por la principal, avenida de Mayo o aledañas, con tal de llegar al objetivo.  En tanto, el diluvio produjo lo contrario, embistió en la muchedumbre como un rayo de pura energía, hizo irradiar a cada tanto aplausos por Nisman, por Argentina y además, como broche, suavemente se cantó del himno patrio, como si fuese un necesario lavado de cara para una república que no deja de refundarse todo el tiempo, buscando su lugar en un mundo que la necesita más que nunca.

Por la mañana, en la localidad de Zárate, provincia de Buenos Aires, la Presidente Fernández de Kirchner inauguraba la segunda Central Nuclear, Atucha II y en su discurso no hizo alusión a la marcha, sólo dijo que Argentina es modelo en materia de derechos humanos. Cruzada por la tensión política, dijo muy poco para su investidura.

Así están las cosas en nuestro país vecino, del que tanto hemos aprendido por décadas, apreciando a su gente, la cultura y educación, la diversificada gastronomía, sus maravillosos paisajes y su enorme talento y capacidad para reinventarse todo el tiempo.

Pero ya debería ser el comienzo para dar un paso adelante y romper el karma, pensar que las futuras generaciones, las próximas, merecen con creces una gran oportunidad y que el estandar de la Política País a largo plazo, no sea vivir en una villa ni seguir a un puntero político de turno para poder vivir. Porque los hijos y nietos de este territorio, no podrán disfrutar ni desarrollarse en una nación que no avance hacia la cultura del bien común. Hace unos años Argentina era el espejo para toda latinoamérica, así nos contaron, era como una sociedad sin egoísmos.

EA/css/imágenes: eanoticias.com

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